Archivos mensuales: Enero 2007

Publicado el 20 de octubre de 2002 en el diario Página 12.

http://www.pagina12.com.ar/diario/cultura/7-11699-2002-10-20.html

Escritora y psicoterapeuta, la autora del libro que acaba de editarse plantea aquello que suele escasear: un debate serio sobre la marihuana y otras drogas.

Por Cristian Vitale

Supera los 50 años. En su departamento de Palermo, un almizcle de dulce de castañas se mezcla con incienso. Hay paz. A primera vista, parece una señora más, “normal”, tal vez ama de casa. Pero un breve tour por su mundo interior descubre un ser maravilloso, como salido de un cuento fantástico. Alicia Castilla, escritora y psicoterapeuta jungeana, estuvo 33 años fuera del país: estudió en España, conoció secretos de los cactus alucinógenos en la selva ecuatoriana y vivió muchos años ayudando adictos en Brasil, dando conferencias, traduciendo libros y atendiendo gente en su consultorio. La experiencia le bastó para derribar de un plumazo el desfasado sintagma marihuana-peligro, en un libro que acaba de editar en Argentina llamado Cultura cannabis. “Regresé en 1998 por razones familiares. Esto era el desierto. De casualidad, me invitaron a participar de un curso para recuperación de adictos y quedé perpleja por la desinformación que hay acerca de las drogas. Decían que la marihuana era un alucinógeno… es insólito, ¡en ningún lugar del mundo la marihuana es un alucinógeno! Solamente aquí.”
Castilla tenía el libro inconcluso. Entre el desencanto y el “ridículo” –dice– que hacen Andrés Calamaro o Andy Chango cada vez que le ponen una cámara enfrente, la escritora recibió el impulso para terminarlo. “La imagen que dan ellos inserta en la sociedad algo poco cierto: eso de que el marihuanero es alguien que no piensa. No puedo tolerar eso y por eso saqué el libro. Hasta me instalé en plaza Francia para venderlo.” Los artesanos, cuenta, se lo devoraron.
Castilla se remonta al año 4000 antes de Cristo para explicar el origen y desarrollo de la marihuana en China; luego en India, Asia Central y Europa Medieval, para después distinguir entre el uso sagrado y profano de la planta. “Creo que el mejor nexo para entender esto es Bob Marley. Antes de él, la marihuana era parte de la joda de los rockeros, del reviente en el que caíamos músicos y fans… marihuana, ácido, orgías, destrucción. Con Marley, en cambio, la marihuana empezó a interpretarse como planta sagrada, vegetariana y pacifista. El blanqueó la situación: ‘Los que fumamos marihuana no somos unos perdidos autodestructivos’ decía, cuando antes la idea era que fumabas y caías en Trainspotting.”
–¿Cómo vivió el reviente antes de irse del país?
–En mi época casi no había drogas, lo máximo que se tomaba era vino. La primera vez que tomé LSD fue con un psicoanalista. Noté que la conciencia que daba el LSD marcaba un antes y un después en tu vida. Era muy raro, yo no conocía otras personas que tomaran, pero me quedó claro que era algo que podía cambiar mucho a la gente. De cualquier manera, aunque en mi caso era una opción terapéutica, se trataba de algo muy festivo. Soy de la generación de The Beatles y The Rolling Stones, de la que leía a Timothy Leary y William Burroughs, un submundo cuya información era difícil de conseguir.
Así, tras los pasos de Burroughs, Castilla se internó en la selva ecuatoriana. De esas ceremonias sacó letra para el capítulo en el que aborda los secretos místicos del chamanismo, las plantas sagradas y la expansión de la conciencia. El viaje iniciático fue en 1970: “Me vi en una situación en medio de chamanes, tomando san pedro y ayahuasca, y me di cuenta de que me había pasado lo mismo que a los malditos de la generación beat”, relata. “Me impresionó cómo las ceremonias unían a la gente. Que una vivencia ‘psicodélica’ formase parte de una cultura ancestral era deslumbrante. Los diálogos posteriores a la ceremonia eran muy alimentadores, un clima de psicoanálisis colectivo muy esperanzador, con la gente contando sus viajes. Descubrí un universo que nunca es contado por los medios. Yo pensaba que las vivencias eran las de The Beatles, que se quedaban viendo colores.”
En el plano ético, la psicoterapeuta recurre a las enseñanzas chamánicas. Cree en el poder de la naturaleza y en “efectos colaterales” poco explorados. “Hay un fenómeno interesante con la marihuana, un efecto colateral gravísimo que se produce en las personas que no la fuman: le genera actitudes irracionales. Aquí vuelvo a la cosa chamánica del espíritu de la planta. Tratar de convencer al establishment americano de que la marihuana tiene propiedades medicinales equivale a convencer a los rabinos de que la carne de chancho tiene propiedades nutritivas. Hay una construcción que genera la irracionalidad, que es lo que hay que romper.”
–¿Se interesa por las propiedades terapéuticas de la marihuana, la bandera que toma “la militancia” para que se legalice definitivamente?
–Es lo que plantea aquí la gente de Ganja Brothers, un grupo de rock pro-legalización. Ellos levantan la bandera de que la marihuana es una planta medicinal, cuando en realidad los que la fuman no lo hacen para curarse o calmarse de algo. A mí sólo me interesa informar para que cada uno elija conscientemente lo que va a hacer con su cuerpo. En la escuela lacaniana de París, que dirige un argentino, Hugo Freda, son de la idea de que si encontrás un adolescente de 15 años con un porro tenés que mandarlo preso. No se negocia por menos. Pero a mí me parece pésimo, puede ser que una cárcel en Francia sirva para algo pero acá o en Brasil, a cualquier pibe que tenga que ir preso por un porro lo destruís. Es una vergüenza y a eso hay que apuntar. La policía de Mendoza, una de las más meritorias después de la de Buenos Aires, asistió a un seminario sobre drogadicción para plantear la idea de no meter más chicos presos por fumar un porro. Si lo piensan ellos, con más razón debería plantearlo la gente sensible.
–Algunos plantean que el espíritu de la ley que prohíbe el uso de ciertas sustancias no es el daño en sí, sino el placer que provocan. Hay como una negación del goce inherente a ciertas sociedades que impide destrabar lo prohibido. ¿Lo ve así?
–En el caso de la cannabis sí. Se trata de una planta que convive con el hombre desde hace siete mil años, ¿cómo espantarse porque alguien quiera fumarse un porrito mirando las palomas? La ley es la construcción que cada sociedad elabora para determinar lo que es apto y lo que no. En los países árabes, por ejemplo, está prohibido el alcohol pero no fumar hachís. Lo prohibido seduce porque tiene un tipo de relación con la figura paterna: aquellos que tienen una relación conflictiva entran en choque con esa construcción cultural a través de la sustancia y el padre ve en el goce el rechazo de su hijo. Por eso lo castiga.
–¿Qué tiene para decir de otro tipo de drogas, como la cocaína?
–Me marcó mucho una entrevista que dio un narcotraficante colombiano condenado a 400 años de prisión. El tipo, sentado en un trono en el medio de la selva, negaba ser un traficante y se identificaba como un terrorista, porque decía que la cocaína era la bomba atómica latinoamericana. El discurso tenía que ver con lo que piensan algunos chamanes, que consideran que cada planta tiene una entidad y que la cocaína, una de ellas, representa la venganza del inca por la destrucción de su civilización a manos de los blancos.
En su casa, una amalgama de olores, libros y música genera un clima balsámico. Pink Floyd y Cypress Hill dan marco para ojear de pasada libros medio lunáticos, medio proféticos: acá A trasluz de la ayahuasca, de Joseph Fericgla; La planta de los dioses, de Schultes Hofmann. Y en el medio, un proyecto que prefigura su próximo libro, llamado Cultura enteógena. “Es un término que alude al uso de muchas sustancias que las leyes no consideran como cactus y hongos, que se pueden comprar y vender sin inconvenientes”, explica. “Sustancias que rescatan el ser sagrado que está en uno, mediatizado por la sociedad y los medios.” //

Publicado el 12/02/2005 en diario Página 12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-1421-2005-02-12.html

Cultura Cannabis de Alicia Castilla es una edición de su autora que ya lleva vendidos diez mil ejemplares y que brinda mucha información lejos de la apología.

Por Jorge Pinedo

Yerba, fumo, faso, pot, grass, ganja, María, maconha, marihuana: cannabis, su denominación técnica. De acuerdo con las cuentas (¿serán como la de los participantes de las movilizaciones?) de un lustro ha efectuadas por la Policía Federal Argentina, 250.000 personas, el 8 por ciento de la población, consumen cannabis en forma habitual. La legislación vigente resulta un alarde de oxímoron: consumir cannabis no es delito, pero sí lo es poseerla tanto como suministrarla a otra persona. ¿Qué ubicuidad es indispensable para lograr la hazaña de consumirla sin poseerla? De la suma del arraigo de un hábito y su represión brota una (proto)cultura al modo de institución informal cuya función reside en fortalecer lo primero y minimizar lo segundo. Fenómeno que abarca al conjunto de los factores concomitantes: apropiación, técnicas, reproducción; y a los discursos que los sustentan: sociales, subjetivos, creencias, militancias. Ningún otro es el campo que desbroza Alicia Castilla en Cultura Cannabis, el primer libro dedicado íntegramente a la temática desde la perspectiva contrademoníaca de quien evita postular cualquier negación sobre el asunto y al mismo tiempo, un fenómeno editorial impensable: Alicia Castilla es una de las tantas escribas que financia su propia publicación, con el acierto de que va por la quinta edición, totalizando la friolera de diez mil ejemplares. Alcanzar esa cima le valió a la autora, amén de las no menos folklóricas que humillantes amansadoras en las editoriales locales, el entre pacato y temeroso ninguneo de las distribuidoras. Circunstancia que la impulsó a llevar sus paquetes de libros personalmente a las librerías, instalarlos en los quioscos de diarios, reproducirlos de mano en mano.

Por encima del fenómeno, Cultura Cannabis repasa en una docena de capítulos antecedentes históricos, estructura química, producciones culturales, entremeses políticos, efectos individuales, usos medicinales; los colectivos y sus producciones, prevenciones, gastronomía, legislación y formas de cultivo. Buena parte de esa información proviene del alud de páginas en Internet, cuestión que ha sido objeto de críticas. No obstante, al brindar al lector la oportunidad de contrastar las respectivas fuentes, el texto de autor se desata allí donde entreteje textos de otros.

Lejos de la apología, Castilla encuadra su producción en tanto asunto de la polis, por cuanto la cannabis “sobrepasa el carácter de droga para convertirse continuamente en un enfrentamiento entre la lógica y lo establecido. El continuo debate sobre su despenalización trasciende las referencias de lo que es saludable y lo que es nocivo para convertirse, en realidad, en una discusión sobre el derecho de los poderes establecidos a decidir, por motivos políticos o económicos, qué es bueno y qué no lo es. Se trata de un debate sobre la libertad individual para decidir y, si es necesario, para equivocarse”.

Dentro de un mercado que promueve tóxicos capaces de generar mortal dependencia en forma legal (alcohol, tabaco, analgésicos, placebos, ansiolíticos, antidepresivos… su ruta), Cultura Cannabis advierte de una realidad doblemente alternativa: al Poder y a las drogas “pesadas”, sin confundir hábito con adicción.

los textos anecdóticos \ los flatos líricos  

 Es increíble que no haya escrito nada de nada en éstos últimos meses.

Y pasó de todo, y no pasó nada.

Qué decir…

Logré un par de objetivos, y me dormí en los laureles…o en la dulce espera…qué se yo.

Siempre que reacciono no es tarde, pero no está bueno reaccionar tarde y creerse que no es tarde.

O sea. Tarde.

Pero no vine a hablar de reproches tardíos, a tempo o rubatosos.

Más bien comento que la concreción me está poniendo de tal manera que provoco momentos de quietud aparente, aún cuando la calma disfraza una gran tormenta.

Y amaga el viejo rutinario de horarios, días, organizaciones en el número 7 (días), metas por semanas (meses, o conjuntos de días), y cansa de antemano.

Y recién empieza, es lo que me digo siempre a mí mismo.

Aunque haya empezado hace ya un buen rato. 

13.02.06 

© 2007 Carlos Herrera

  5.40 hs. 

Me levanté sobresaltado hace 20 minutos por una pesadilla. Estaba descarriado. Perdía a mi mujer.

Me encontré con varios personajes, representativos, claro, de mi pasado.

Una mujer conocida, mujeres desconocidas, un hombre desconocido. Mi decisión casi por colapso o crisis, de permitir ser ultrajado. Violado, en mi cuerpo -¿significa mi mente, justamente mi ser? aunque dispuesto a experimentarlo.

Con un sobrino de mi padre, (la familia externa), “ahora pinta la tristeza (un lsd)”: el fantasma de las drogas, el escape, lo que siempre está en todos. Irse.Mi autoreflexión.Mi confusión entre dos mujeres. La de mi presente y la de mi pasado.El abandono: “pasó y te dejó la plata de la caña”, y la dejó dentro del mismo package. 

Agitadísimo, corrí a reencontrarme con mis pensamientos inmediatos. Con mi versión consciente de los fenómenos que acababa de disparar mi inconsciente.Y acá estoy, escribiendo. Le dije a Lau: ¿estás bien? Dormida, me contestó, “sí, está todo bien”. Al comentarle vagamente me dijo “acá estoy con vos”. 

Y necesité escribir como nunca: escribirle una carta a él, a mí, conectarme conmigo mismo y decir lo que aprendí: no cambiar con el cambio. lo único que siempre cambia es el cambio. 

Y ahora me suena una palabra tan rara, el cambio. Necesito ser autocrítico y autoreflexivo. 

Y si en definitiva, fui a buscar ése espejo, para romperlo, hacerlo mil pedazos, y no reflejarme más, o mejor dicho, buscar otros espejos, pero con otros marcos, otras formas, otros colores y transparencias (¿un espejo transparente?)  Monje y guerrero.Mil victorias logradas por la persona en sí misma. Me siento victorioso.

Mirá!!!!

Todo lo que está pasando a tu alrededor…no es increíble, es muy real.

Veo los personajes que se mueven en sus propias esferas, y yo me amoldo a ellas. 

AL!

Debo aprender de mí mismo, por eso digo: no cambiar con el cambio.

Me ha costado mucho ser lo que soy y llegar a lo que tengo y quiero ser.

No debo cambiar, por influencias externas.

Si quiero, lo puedo lograr. Incluso cambiar, cuando es mi intención.

Iba a escribir: ‘o cuando los que me quieren lo requieran’, pero me reprimí, y dije:¿acaso no es cambiar con el cambio?  Yo cambié para mi mujer y mis hijos, porque lo necesité. Pero en realidad me necesité yo así con ellos; ellos no iban a modificarse por mí, al menos en lo inmediato: se que podría haber dañado de por vida a mis hijos, y haber maldecido a mi mujer por el resto de sus días con mi actuar incoherente e irreflexivo, o mejor dicho, descontrolado.

Recuerdo lo que decía hace algunos tiempos, la lucha del control y el descontrol.

Está siempre.

Ahora digo: monje y guerrero.

Y me acepto así. Ahora debo decir.

¿Qué pasó?

¿Qué me pasó?

Ayer quería tirar todo por la borda, me arrepentí del paso que había dado.

Dije: a esta gente no la necesito, y me obliga a esforzarme quitando tiempo y recursos de los pocos que tengo para ellos, y no recibo nada a cambio.

¿Qué recibo? Una reflexión de otra persona, en este caso totalmente externa, que me quiere y me aconseja. Me reta. Me enseña. ¡Y yo me enojo con él! Soy un chiquilín…

Pero asimismo supe y reconocí su verdad.

¿Qué pasa? Pensaba, la vida hay que vivirla y experimentarla. Es mejor vivir que quedarse dormido en lo seguro…  Y yo viví.Y si éste espejo, éstos espejos en los que me vi, me resultaron incómodos, y otros cómodos, en definitiva veo que estoy bien.

Estoy como quiero.

Me acepto, y hago que me acepten.

No digo todo, pero tampoco me quedo en silencio.

No debo decir más.

Pensaba en escribir una carta.

¡Error!

 ¿Ante quien es la autocrítica?

¿Para quién, acaso?

El espejo me muestra, pero no dice.

Refleja, no reflexiona por mí.

¿Qué sentido tendría escribir en el espejo? No me dejaría ver y tampoco leería lo que está allí, ¿desde dónde, acaso?

¿Podría yo entrar al espejo y leer desde su interior?

Y ésas palabras en retrógrada, ¿las entendería?

Me ejercito en ello, en lo inverso, lo retrógrado y lo directo.

Pero es en otros terrenos donde lo domino y lo uso, lo vivo y lo palpo. 

Es aquí donde se terminan las palabras, y entro a mi libertad. Iba a escribirte. 

Ya lo hice. 

6:08 hs. 

Es increíble lo que he soñado. Puedo leer hasta ahí, pero las vivencias fueron tan reales…fue realmente una pesadilla.

Tenía muchas ganas de escribir, pero ahora necesito ponerme a trabajar en lo que estoy.

Lo necesito realmente. Hasta me estoy mareando. 

Después sigo. 

04.12.05 

© 2007 Carlos Herrera 

Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ello no prohíbe. 

Constitución Nacional de la República Argentina