por Stanislav Grof y Joan Halifax-Grof.

Fragmento.


Pocas ideas y creencias han aflorado en la historia de la humanidad con el mismo grado de constancia y asiduidad que las relacionadas con la continuación de la existencia más allá del momento de la defunción biológica. El concepto de ultra-mundo ha cobrado varias formas específicas, pero la idea básica subyacente es la misma: la muerte no constituye el término absoluto de la existencia humana y de un modo u otro la vida o la conciencia han de perdurar. A veces la imagen del transmundo es concreta y real, no disímil de la existencia terrena. Con más frecuencia, los reinos del más allá tienen características especiales que los distinguen de cuanto se conoce en la tierra. Muchos han desarrollado una concepción del viaje póstumo del alma en el cual el muerto debe padecer un complejo proceso de transiciones por diversos niveles y reinos del otro mundo.
En la literatura psiquiátrica y psicológica, el concepto de vida ultraterrena y el viaje espiritual después de la muerte han sido generalmente tratados como manifestaciones del primitivo pensamiento mágico, o bien como una expresión de la renuncia e incapacidad para aceptar el hecho de la perennidad humana. Hasta hace poco, rara vez se pensaba que las descripciones de las póstumas aventuras del alma procedentes de las culturas antiguas y exóticas pudieran reflejar una realidad de la experiencia. Los informes sobre experiencias de individuos que sobrevivieron a la muerte clínica indican que ese viaje representa el auténtico mapa de estados alterados de la conciencia según los padecen los moribundos. La investigación psicodélica ha aportado importantes datos adicionales de índice fenomenológica y neurofisiológica que señalan que las experiencias vinculadas a complejas secuencias mitológicas, religiosas y místicas, antes, durante y después de la muerte, bien podrían ser una realidad clínica. La posibilidad de despojar a este campo de supersticiones y fantasías y de someterla al escrutinio científico es tan interesante que bien merece una discusión sistemática.
Los estudios comparativos de las nociones del otro mundo y del póstumo viaje del alma revelan asombrosas similitudes entre culturas y grupos étnicos bien diferenciados histórica y geográficamente. La recurrencia de ciertos temas y motivos en diversas épocas y en países remotos entre sí es absolutamente notoria. La idea de un hogar definitivo para los justos, a su muerte, llámese cielo o paraíso, aparece en muchas culturas diferentes.
La noción de infierno o purgatorio, un sitio donde los difuntos serán expuestos a torturas inhumanas, es tan ubicua como la del cielo o paraíso. Al igual que los varios paraísos, no es un lugar donde el muerto permanezca para siempre, sino apenas una etapa transitoria en el ciclo de nacimiento, muerte y resurrección.
Otro tema recurrente en la mitología escatológica es el juicio de los muertos. El arte cristiano abunda en imágenes donde los ángeles y los demonios combaten por las almas de los muertos, o en pinturas del Juicio Final, con los justos elevándose al cielo y los réprobos devorados por las fauces del infierno. La tradición musulmana menciona un puente sobre el infierno por el que deberán cruzar todos los muertos. Los creyentes podrán mantener el equilibrio y cruzar exitosamente; los infieles se deslizarán para caer al abismo infernal. En la religión zoroástrica había una ordalía similar, el “Puente del Separador”. los justos podían ingresar fácilmente al júbilo eterno; los viles caían en manos del demonio Vizarsh. En la versión más antigua del Juicio de los Muertos egipcio (circa 2400 a.C.), la psicóstasis tiene lugar en la Sala de las Dos Verdades. El corazón del muerto es sopesado con la pluma de la diosa Maat, símbolo de la verdad y de la justicia. Quien se encarga de sopesarlos es el dios Anubis, con cabeza de chacal, mientras que el dios Thoth, con cabeza de ibis, consigna el veredicto como un juez imparcial. El monstruo triforme Amemet, Devorador de las Almas, se yergue dispuesto a engullir a los que padecen un juicio adverso. Horus le presenta los justos a Osiris, quien los acepta en los placeres de su reino. En la versión tibetana de la escena del juicio, en el Bardo Thödol, el administrador de la justicia se llama Dharma-Raja, el Rey de la Verdad, o Yama Raja, el Rey de los Muertos. Está adornado con cráneos humanos y sostiene el espejo del karma que refleja cada acto bueno o malo del compareciente. De la sala del tribunal salen seis senderos kármicos que conducen a diversos lokas, reinos donde el muerto renacerá de acuerdo con sus créditos y débitos.
El destino de los muertos suele ser representado como un sendero, un viaje, o una secuencia específica de hechos. Algunas representaciones parecen primitivas e ingenuas, otras ofrecen una compleja y sofisticada cartografía de la experiencia. Existen profundos paralelos entre las características básicas del viaje póstumo del alma según lo representan diversas culturas y las experiencias que caracterizan el viaje del chamán, la iniciación de los misterios y los rites de passage o ritos iniciáticos.

“Life after death” © 1976 Weidenfeld & Nicolson, Londres.

9 Comentarios

  1. esto esta mal i si tengo bichos no es mi culpa,

  2. etngo muchos bichos

  3. Gracias por la informacion

  4. sooooonnnnnnnnnnn
    sssssuupperr
    aburiidos

  5. ponganlo completo por que sino no puiedo hacer mi tarea

  6. son mui vergonzosos no tienen madre de lo qe es esooooo

    esmui feo todo

  7. son putos y estupidos

  8. puta madre por que no ponen historias


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