<h2><font face=”Arial,Helvetica,sans-serif”><div align=”left”><div align=”justify”><strong><em><Near Estern Societies</em>por el padre <em>Joseph Crehan</em></strong><font size=”4″></font>.</div></h2>
<h3><font size=”3″><em>Fragmento. Se omiten referencias a los libros sagrados..Las citas bíblicas del original no siguen el texto de la <i>Authorised Version.</i></em>.</font></h3>
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<div align=”justify”>······La tradición judía (en el Talmud) sostenía que la inclusión del Salmo 116 (114) en el <i>Hallel</i>, o grupos de salmos para ser recitados en la Pascua hebrea, obedecía al hecho de que éste aludía proféticamente a la resurrección del cuerpo en sus versículos octavo y noveno: “Pues tú has librado mi alma de la muerte; andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes”. Es posible que este pasaje, en su contexto original, implicara sólo un acto de gratitud por haber escapado a una muerte prematura debida a un accidente o a la violencia, pero tales palabras debieron atraer la atención de la tradición farisea una vez que se arraigó la creencia en la resurrección. Al respecto, son muy claras las enseñanzas del profeta Daniel: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Puede argumentarse que la palabra “muchos” es selectiva y sólo se refiere a los fieles de Israel, pero es probble que el profeta, mediante un giro idiomático corriente, hablara de dos multitudes cuyo conjunto forma la humanidad. En <i>Ezequiel</i>, la visión del valle de los huesos secos recurre a la idea de la resurrección corporal para expresar el retorno triunfal desde el exilio. A menos que él estuviera habituado a expresar <i>obscurum per obscuris</i>, cabe considerar que la idea de la resurrección corporal era familiar para sus oyentes. Lo que Elías había hecho una vez y milagrosamente, por un muerto, Dios podía hacerlo por todos los justos.
······Del momento en que los canaanitas (en Ras Shamra) propiciaban un dios de la muerte a quien denominaban Resef el Destructor, señor de las flechas, acaso era inevitable que los israelitas cada tanto tendieran a personificar el Seol: “¿Te rescataré del poder del Seol?”, preguntaba el profeta Oseas, aunque sin esperar una respuesta afirmativa (ni la <i>Authorised Version </i>de Jacobo I ni la versión española de Casiodoro de Reina revisada por Valera traducen el pasaje aludido en forma interrogativa). Es posible que Jeremías, en su imagen de la muerte “entrando por nuestras ventanas”, aludiera a las flechas de la destrucción. Isaías personifica del mismo modo a la muerte, en tanto que en otra profecía habla de su destrucción final: “Destruirá a la muerte para siempre, y engujará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros”. San Pablo cita este pasaje como si aludiera a la resurrección de todos, pero en su propio contexto acaso sólo haya implicado una visión de la victoria, en esta vida, sobre los dioses del paganismo. No obstante, cabe suponer que San Pablos eguía aquí las enseñanzas impartidas por Gamaliel u otros rabíes de la Jerusalén del siglo I.
······Gehenna, o el valle del hijo de Hinnom, era en la tradición hebrea la entrada al Seol. Johanan ben Zakkai sostuvo, alrededor del año 70 de nuestra era, que era para los réprobos el portal del Infierno, y el Talmud lo asocia con el abismo que se abrió en la tierra para devorar a Coré y los otros rebeldes. Era el valle que, al sur de Jerusalén, se unía con el valle de Cedrón y que había sido sitial de un altar a Moloch, a quien se le inmolaban niños. Shammai enseñó que los malvados permanecían allí para siempre, mientras que los tibios se demorarían allí hasta ser purgados de sus culpas, aunque Hillel disentía, pues a su juicio sólo los delatores, los negadores de la resurrección y los promotores de escándalo permanecerían allí para siempre. A otros pecadores les bastaría con una estadía de doce meses. Flavio Josefo trató de asimilar las creencias hebreas a las griegas cuando escribió que los judíos, al igual que los hijos de los griegos, creían que la morada de los bienaventurados se hallaba en ciertas islas allende el océano, no castigadas por al nieve, la lluvia o el bochorno, mientras que los malvados eran conducidos a una tenebrosa caverna donde abundaban los suplicios eternos. <i>Ezequiel </i>establece una separación entre el bien y el mal, pues los que gimen a causa de las abominaciones en Jerusalén serán marcados con la letra <i>tav </i>en la frente, en tanto que los demás serán condenados.
······El episodio relatado en <i>2 Macabeos</i>, acerca de la madre y los siete hijos condenados a muerte por Antíoco (alrededor de 165 a.C.), ofrece el mejor retrato de la creencias judías en la futura resurrección entonces vigentes. Los hijos segundo, tercero y cuarto, y la madre misma, declaran su fe en la resurrección en el instante de la muerte. Cuando el cuarto hijo le dice a sus verdugos: “Para vosotros no habrá resurrección a la vida”, no les niega la reencarnación, sino que sugiere que padecerán resurrección para ser castigados, que era el destino de los réprobos. El mismo libro consigna que Judas Macabeo “oraba por que los muertos quedaran exentos de pecado”. Se trataba de un pecado de debilidad, pues bajo las túnicas de muchos caídos en batalla se descubrían objetos idólatras, que algunos habían conservado por hábito, otros por temor, y otro como una última seguridad, por si Jehová no les daba protección. La idea de la discriminación entre los castigos aquí propuestos fue sin duda desarrollada por Hillel del modo arriba descripto.
<font size=”2″><em>”Life after death” </em>© 1976 Weidenfeld & Nicolson, Londres.
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