Archivos diarios: Febrero 13th, 2007

William Calhoun

Baterista y percusionista del grupo negro norteamericano “Living Colour”.

Autor del tema “Nothingness” publicado en el disco “Stain”, 1993.

 

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Aquí, la letra. Se la dedico a Christ.

 

 

 

Well like a descendant,
I drifted far, far and wide
Isolation, separation, no where to hide
Maybe there’s somewhere I can go
Where there’s sunshine and the wind won’t blow

Nothingness
All I have to feel is my lonliness
Nothing in the attic ‘cept an empty chest
And nothing lasts forever

Although there are many,
I look for no one, no one but me
I search for things that are taking me high and far out of reach
But this is the place I call my home
I live with the lies and the fear all alone

Nothingness
All I have to feel is my lonliness
Nothing in the attic ‘cept an empty chest
And nothing lasts forever

Nothingness
All I have to feel is my lonliness
Nothing in the attic ‘cept an empty chest
And nothing lasts forever

Nothingness
Lonliness
Empty chest
And nothing lasts forever
Nothing lasts forever
Nothing lasts forever
Nothing lasts forever
Nothing lasts forever

 

ITo, 13 febrero 2007.

<h2><font face=”Arial,Helvetica,sans-serif”><div align=”left”><div align=”justify”><strong><em><Life, Death, Awareness and Concern: A Progression</em>por <em>Doris F. Jonas</em></strong><font size=”4″></font>.</div></h2>

<h3><font size=”3″><em>”La vida, la muerte, la conciencia y la conciencia de la muerte”.
Fragmento.</i></em>.</font></h3>

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<font size=”3″>
<div align=”justify”>······Cuando la vida emergió por primera vez de la materia inorgánica se reprodujo por fisión, de modo tal que las formas de vida más primitivas, en la medida en que no estaban separadas de su materia nutricia, eran casi inmortaies (A. I. Oparin, <i>The Chemical Origin of Life</i>, 1964). Ignoramos cómo era la vida más primitiva y más simple, pero cuanto más estudiamos las formas unicelulares vivientes mayor es la complejidad que enfrentamos. En verdad, entonces comprendemos por qué llevó tanto tiempo, desde la formación de nuestro planeta, el surgimiento de las primeras células orgánicas, para avanzar desde esa simple célula hasta el hombre. Llevó entre dos y dos billones y medio de años la evolución de la materia química hasta la célula autorreproductiva, y otro tanto para que las fuerzas de la naturaleza llegaran a nuestra especie a partir de esa vida original.
······La tendencia inherente a polimerizar, en las propiedades químicas de los complejos de carbono en solución, da por resultado largas concatenaciones que, eventualmente a causa de su longitud, suelen quebrarse. Este hecho simple es el que en definitiva subyace en los procesos de reproducción vegetativa o asexual. Así, la vida unicelular, nutrida por sustencias químicas de la solución en que había surgido y provista de energía mediante las radiaciones solares, se regeneró dividiéndose constantemente en dos partes a través del proceso de meiosis, siendo, como decíamos, casi inmortal.
······Una de las consecuencias de este tipo de regeneración reside, sin embargo, en que las células hijas de una célula madre que se divide suelen permanecer próximas entre sí, formando racimos. Eventualmente ocurre que algunas, por casualidad o accidente, se apartan de estos racimos. Su material genético así se combina favoreciendo ulteriores mutaciones evolutivas que configuran el fundamento para la reproducción sexual. Aquí yace el origen de la mortalidad.
······La reproducción sexual por fusíón, comparada con la reproducción vegetativa por fisión, es mucho más eficaz en térmnos evolutivos del momento en que sus productos son más competentes para la búsqueda de fuentes de nutrición y para afrontar, por lo tanto, las presiones de la selección natural. La evolución continua de formas cada vez más complejas se acelera en progresión geométrica cuando los individuos, por así decirlo, renuevan el circuito, y sólo sus genes continúan existiendo en una perpetua recombinación que mejora constantemente las funciones y la forma de la criatura, adaptándola cada vez más a su medio. Así, sólo los genes conservan la original inmortalidad de la vidam mientras que el resto del organismo se vuelve mortal.
······Al continuar y acrecentarse el ritmo de este proceso, y merced a la obra de la selección natural, que favorece a ciertos grupos hasta que éstos se adaptan por completo a su medio ambiental, vemos emerger ciertas líneas evolutivas que llegamos a reconocer como especies. Aquí es precisamente donde vemos que la muerte es parte esencial de los procesos de la vida, puesto que el estadio en que muere la criatura individual es también un factor que obedece a las presiones de la selección natural, de modo que la muerte adviene inevitablemente en ese punto de la vida individual en que propicia los fines del grupo y por ende de la especie. La especie, como el gene, tiene también una vida casi inmortal. Albert Gaundry, en 1888, definió a la especie como “una transitoria modalidad de tipos que persiguen su evolución a través del decurso de las edades” (A. Gaudry, Les ancêtres de nos animaux dans les temps géologiques, 1888). Así como el cuerpo humano elimina células que son renovadas constantemente, la especie elimina individuos que son renovados para mantener la vitalidad de la especie.

<font size=”2″><em>”Life after death” </em>© 1976 Weidenfeld & Nicolson, Londres.
</font>
</div></font>

<h2><font face=”Arial,Helvetica,sans-serif”><div align=”left”><div align=”justify”><strong><em><Near Estern Societies</em>por el padre <em>Joseph Crehan</em></strong><font size=”4″></font>.</div></h2>

<h3><font size=”3″><em>Fragmento. Se omiten referencias a los libros sagrados.</i></em>.</font></h3>

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<font size=”3″>
<div align=”justify”>······La Ley establecía una prohibición general de hacer ofrendas a los muertos. Que un hombre tan piadoso como Tobías contraviniera esta ley es prácticamente increíble, y sin embargo su padre le dice: “Deposita tu pan en la tumba de los justos, mas nada ofrezcas a los pecadores”. Esto es asombroso, aunque acaso aluda a una celebración fúnebre realizada por los vivos junto a la tumba. En el Antiguo Testamento no hay otra referencia a tales ofrendas, aunque exista el hábito, de ofrecer a los deudos pan y vino ante el sepulcro. El texto de <i>Tobías</i>, se presta a la duda, pues la antigua versión latina reza: <i>Panem tuum et vinum tuum super sepulturam iusti constitue</i>, y esta alusión al acto de “servir vino sobre la tumba” sugiere con toda naturalidad una celebración fúnebre.
······Los sectarios judíos de Qumram, esenios o no, no parecen haber tenido una doctrina muy clara de la resurrección, a juzgar por los Rollos del Mar Muerto. Sin duda aguardaban el advenimiento de una era mesiánica, pero lo mismo predicaban ciertos profetas, aun cuando dicha doctrina no había sido formulada, como es el caso de Isaías. Se ha dicho que hay un pasaje decisivo en el <i>Manual de disciplina</i>: “Dios ha escogido para una alianza eterna [<i>everlasting</i>] y de ellos será toda la gloria de Adán”. Ésta es la versión de Vermes, pero Sutcliffe, que no piensa que los sectarios creyeran en la resurrección, vierte el pasaje de este modo: “Han sido escogidos por Dios para una alianza eterna [<i>eternal</i>] y a ellos les pertenece toda la gloria de los hombres”. Sutcliffe destaca que la palabra “eterna” no significa sino un período prolongado de ignorada duración, y que el nombre propio Adán también podía tener el sentido genérico de “hombre”. Si bien Sutcliffe admite que hay otros textos que hablan de una vida jubilosa con los ángeles, advierte que los ángeles solían estar presentes en la comunidad durante la batalla y el culto, de modo que la promesa de vida que puedan ofrecer es muy vaga. Si los sectarios eran esenios, debían -de acuerdo con el texto de Josefo citado <i>supra</i>- haber creído en la supervivencia del alma separada del cuerpo, en las islas de los bienaventurados. ¿Pero eran esenios? Es difícil asegurarlo. Los esenios eran pacíficos, y sin embargo en Qumran se halló por lo menos un documento que también circulaba en Masada en tiempos del último alzamiento de los rebeldes, en 67-72 d.C. Filón estaba seguro de que los esenios no portaban armas, mientras que los sectarios de Qumran eran instruidos con un Rollo de Guerra que rescribía el advenimiento de un gran conflicto. Entre los testigos antiguos, Hipólito declara con énfasis que los esenios creían en la resurrección de la carne: “Proclaman que la carne también se levantará y será inmortal, como ya es inmortal el alma”. Ante tal incertidumbre, más vale dejar en suspenso la cuestión de la actitud de Qumran ante la resurrección.

<font size=”2″><em>”Life after death” </em>© 1976 Weidenfeld & Nicolson, Londres.
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</div></font>

<h2><font face=”Arial,Helvetica,sans-serif”><div align=”left”><div align=”justify”><strong><em><Near Estern Societies</em>por el padre <em>Joseph Crehan</em></strong><font size=”4″></font>.</div></h2>

<h3><font size=”3″><em>Fragmento. Se omiten referencias a los libros sagrados..Las citas bíblicas del original no siguen el texto de la <i>Authorised Version.</i></em>.</font></h3>

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<font size=”3″>
<div align=”justify”>······La tradición judía (en el Talmud) sostenía que la inclusión del Salmo 116 (114) en el <i>Hallel</i>, o grupos de salmos para ser recitados en la Pascua hebrea, obedecía al hecho de que éste aludía proféticamente a la resurrección del cuerpo en sus versículos octavo y noveno: “Pues tú has librado mi alma de la muerte; andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes”. Es posible que este pasaje, en su contexto original, implicara sólo un acto de gratitud por haber escapado a una muerte prematura debida a un accidente o a la violencia, pero tales palabras debieron atraer la atención de la tradición farisea una vez que se arraigó la creencia en la resurrección. Al respecto, son muy claras las enseñanzas del profeta Daniel: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Puede argumentarse que la palabra “muchos” es selectiva y sólo se refiere a los fieles de Israel, pero es probble que el profeta, mediante un giro idiomático corriente, hablara de dos multitudes cuyo conjunto forma la humanidad. En <i>Ezequiel</i>, la visión del valle de los huesos secos recurre a la idea de la resurrección corporal para expresar el retorno triunfal desde el exilio. A menos que él estuviera habituado a expresar <i>obscurum per obscuris</i>, cabe considerar que la idea de la resurrección corporal era familiar para sus oyentes. Lo que Elías había hecho una vez y milagrosamente, por un muerto, Dios podía hacerlo por todos los justos.
······Del momento en que los canaanitas (en Ras Shamra) propiciaban un dios de la muerte a quien denominaban Resef el Destructor, señor de las flechas, acaso era inevitable que los israelitas cada tanto tendieran a personificar el Seol: “¿Te rescataré del poder del Seol?”, preguntaba el profeta Oseas, aunque sin esperar una respuesta afirmativa (ni la <i>Authorised Version </i>de Jacobo I ni la versión española de Casiodoro de Reina revisada por Valera traducen el pasaje aludido en forma interrogativa). Es posible que Jeremías, en su imagen de la muerte “entrando por nuestras ventanas”, aludiera a las flechas de la destrucción. Isaías personifica del mismo modo a la muerte, en tanto que en otra profecía habla de su destrucción final: “Destruirá a la muerte para siempre, y engujará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros”. San Pablo cita este pasaje como si aludiera a la resurrección de todos, pero en su propio contexto acaso sólo haya implicado una visión de la victoria, en esta vida, sobre los dioses del paganismo. No obstante, cabe suponer que San Pablos eguía aquí las enseñanzas impartidas por Gamaliel u otros rabíes de la Jerusalén del siglo I.
······Gehenna, o el valle del hijo de Hinnom, era en la tradición hebrea la entrada al Seol. Johanan ben Zakkai sostuvo, alrededor del año 70 de nuestra era, que era para los réprobos el portal del Infierno, y el Talmud lo asocia con el abismo que se abrió en la tierra para devorar a Coré y los otros rebeldes. Era el valle que, al sur de Jerusalén, se unía con el valle de Cedrón y que había sido sitial de un altar a Moloch, a quien se le inmolaban niños. Shammai enseñó que los malvados permanecían allí para siempre, mientras que los tibios se demorarían allí hasta ser purgados de sus culpas, aunque Hillel disentía, pues a su juicio sólo los delatores, los negadores de la resurrección y los promotores de escándalo permanecerían allí para siempre. A otros pecadores les bastaría con una estadía de doce meses. Flavio Josefo trató de asimilar las creencias hebreas a las griegas cuando escribió que los judíos, al igual que los hijos de los griegos, creían que la morada de los bienaventurados se hallaba en ciertas islas allende el océano, no castigadas por al nieve, la lluvia o el bochorno, mientras que los malvados eran conducidos a una tenebrosa caverna donde abundaban los suplicios eternos. <i>Ezequiel </i>establece una separación entre el bien y el mal, pues los que gimen a causa de las abominaciones en Jerusalén serán marcados con la letra <i>tav </i>en la frente, en tanto que los demás serán condenados.
······El episodio relatado en <i>2 Macabeos</i>, acerca de la madre y los siete hijos condenados a muerte por Antíoco (alrededor de 165 a.C.), ofrece el mejor retrato de la creencias judías en la futura resurrección entonces vigentes. Los hijos segundo, tercero y cuarto, y la madre misma, declaran su fe en la resurrección en el instante de la muerte. Cuando el cuarto hijo le dice a sus verdugos: “Para vosotros no habrá resurrección a la vida”, no les niega la reencarnación, sino que sugiere que padecerán resurrección para ser castigados, que era el destino de los réprobos. El mismo libro consigna que Judas Macabeo “oraba por que los muertos quedaran exentos de pecado”. Se trataba de un pecado de debilidad, pues bajo las túnicas de muchos caídos en batalla se descubrían objetos idólatras, que algunos habían conservado por hábito, otros por temor, y otro como una última seguridad, por si Jehová no les daba protección. La idea de la discriminación entre los castigos aquí propuestos fue sin duda desarrollada por Hillel del modo arriba descripto.

<font size=”2″><em>”Life after death” </em>© 1976 Weidenfeld & Nicolson, Londres.
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<h2><font face=”Arial,Helvetica,sans-serif”><div align=”left”><div align=”justify”><strong><em><Near Estern Societies</em>por el padre <em>Joseph Crehan</em></strong><font size=”4″></font>.</div></h2>

<h3><font size=”3″><em>Fragmento. Se omiten referencias a los libros sagrados..Las citas bíblicas del original no siguen el texto de la <i>Authorised Version.</i></em>.</font></h3>

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<font size=”3″>
<div align=”justify”>······El don del hálito que Dios le otorgó al hombre constituía la vida, según los judíos. Esto fue lo que recibió Adán mientras que Job declaraba: “Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiése así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo”. El retorno al polvo no impedía la supervivencia del espíritu o del aliento en una fomra atenuada. Desde época temprana, la morada de los muertos se llamaba Seol. Así se dice que Coré, Datán y Abirán fueron tragados por la tierra y descendieron vivos al Seol. Abrahán “murió y fue unido a su pueblo, aunque lo speultaron lejos de su residencia en Caldea”. Jacob dijo: “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol”, cuando pensaba que José había muerto. Existía junto a esta creencia, a veces, (como en el episodio de Saúl “invocando a Samuel”), el deseo de consultar a los muertos. Esto por lo general era reprobado, como en Isaías, donde se dice que los espíritus y los adivinos hablan como avecillas y murmuran como palomas. El mismo profeta describe el estado ruinoso de Jerusalén como si fuera en de un cadáver: “Y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo”.
······A los muertos se los llama <i>Rephaim </i>unas diez veces en el Antiguo Testamento; este nombre también se emplea para los muertos en dos inscripciones fenicias. No se sabe con ceteza cómo explicar esta derivación. En el <i>Deuteronomio </i>se usa el mismo nombre para designar una raza de gigantes. Puede que, como se pensaba que los gigantes se habían extinguido, el nombre tuviera un empleo genérico para aludir a los “hombes de antaño” que ahora estaban muertos. Al rey de Babilonia le dicen: “El Seol abajo se espantó de ti… hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros?” Lo cual por cierto no sugiere que a los muertos se los juzgara fuertes o poderosos. “No hay obra o pensamiento o conocimiento o sabiduría en el Seol”, dice el Eclesiastés, aunque más tarde declara que el polvo vuelve a la tierra de origen y que el espíritu al Dios que lo otorgó. Como dice Job: “El Seol está desnudo ante Dios”.
······La existencia en el Seol era contemplada como una especie de vida debilitada: “Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la Muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad”, dice Ezequías en su himno de gratitud al recuperarse de su enfermedad. “¿Quién cantará en el Seol alabanzas al Altísimo que puedan compararse a la gratitud de los vivos?” preguntaba el hijo de Sirac, y en este caso conviene anfatizar la comparación (“que jamás puedan compararse”). Con la idea de un juicio después de la muerte surgió una distinción entre el bien y el mal. Isaías le advertía al tirano de Babilonia: “Serás derribado al Seol, a las hendiduras del abismo”. Se dice que los no circuncisos están en las partes más profundas del abismo, pues Ezequiel compila una larga letanía de los enemigos de Israel que merecerán este castigo: “Allí está Asiria… todos muertos, y sus tumbas están en las partes más profundas del abismo”; allí está Elán, y Edón, y los príncipes del Norte. Job pareciera estar en desacuerdo con este cuadro, puesto que afirma que en el Seol “los impíos dejan de perturbar…, allí están el chico y el grande, y el siervo libre de su señor”.
······En la <i>Sabiduría de Salomón </i>las recompensas de los justos son proclamadas sin ambigüedades: “El justo aunque muera reposará… La garcia y la misericordia de Dios están con Su elegido, y Él vela por los varones santos”. “Los impíos se aterrarán cuando se recuenten sus pecados”; los buenos en realidad no están muertos sino que viven para siempre. O sea que hacia fines de la época del Antiguo Testamente surgió la convicción de una absoluta discriminación entre los muertos. Sobre estas bases nació la idea de la resurrección de los justos. Anteriormente, ya había alusiones que declaraban que si la esperanza del malvado perece con la muerte,

<font size=”2″><em>”Life after death” </em>© 1976 Weidenfeld & Nicolson, Londres.
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