9 de octubre de 2005

Sinfonietos:

Me atrevo a regalar éste texto. Claro, conversando con ciertas notas y con una etiqueta roja delante de mí y mis ojos que dice 39% Vol.
Que sirva a modo de introducción: ya hice una hoy y quemé un woofer escuchando la novena. Lo juro. Maldito sordo…
Otra cosa: siéntanse libres de divulgar el texto, pero con dos condiciones: citen la fuente; vívanlo.
Pero es sábado primaveral y pasan muchas cosas.

El Valor del Carácter

La energía y el trabajo obstinado superan y vencen los mayores obstáculos.
Casi no existe cosa alguna imposible para quien sabe trabajar y esperar.
Los que viven suponiendo que las cosas difíciles son imposibles, merecen todo el mal que por ello les sobrevenga.
La impaciencia que parece energía y vigor del espíritu, no es más que una debilidad y un afán de sufrir. La impaciencia hace perder las más importantes ocasiones. Produce malas inclinaciones y aversiones que perjudican los más elevados propósitos; hace decidir los negocios más importantes por las más insignificantes razones; oscurece el talento, rebaja el valor y hace a la persona desigual, débil e insoportable.
Las personas pacientes son infinitamente más raras que las de talento. El talento puede no ser más que un don de la naturaleza: el carácter paciente y la templanza son el resultado de mil victorias logradas por la persona sobre sí misma.
(antiguo pensamiento chino)

Gracias a mi maestro de armonía del año 1998, el sensible pianista Claudio Méndez.

Probablemente él lo desconozca, pero éste texto que él divulgó en una de sus clases ocupa partes importantes de mi reflexionario habitual. Creo que es lo más importante que me enseñó.

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