La penalización de la Cannabis es un hecho relativamente reciente y en el que la mayoría de los países han entrado como continuación de la política de los Estados Unidos. Hasta 1937, la única limitación legal relacionada con la Cannabis se refería a indicar en la etiqueta qué productos alimenticios lo contenían en su composición.
El proceso de ilegalización de la sustancia siguió el esquema básico que los norteamericanos establecieron durante las primeras décadas del siglo para prohibir una serie de sustancias hasta entonces legales.
Se empezaba asociando el consumo con minorías marginadas por el resto de la pobación. Al igual que al opio se relacionó con los chinos y a la cocaína con los negros, a la Cannabis fueron atribuidos los excesos y desmanes que, supuestamente, cometían los inmigrantes latinoamericanos. Así, fue acuñado con características peyorativas, el nombre “marijuana”.
Las tendencias morales de la época, que pretendían mejorar la raza humana prohibiéndole sus vicios, su capacidad de elección y su libertad de disfrute individual, aumentaron la presión contra la droga. A esto se le sumó la presión internacional de Inglaterra basada en su deseo de incluir a la Cannabis en la misma regulación restrictiva que el opio. La razón era que la sustancia se había convertido en un símbolo de independencia en Egipto, colonia británica en que la Cannabis se había consumido desde tiempos inmemoriales.
Otros intereses comerciales ayudaron en los Estados Unidos a la penalización de la Cannabis, ya que la poderosa industria del algodón y la emergente de los tejidos sintéticos en manos de grandes imperios textiles vieron en el cultivo del cáñamo, con fines industriales, una amenaza a sus respectivas parcelas de mercado.
Los artículos “Estado terapéutico”, expuesto por Thomas Szaz en La farmacopea política del Estado terapéutico, e “Inquisición farmacrática”, que integra el libro The Age of Entheogens and the Angels de Jonathan Ott, desarrollan dos conceptos que considero fundamentales para poder abordar la cuestión Cannabis en lo que se refiere a sus usos terapéuticos y medicinales.
A continuación algunos fragmentos del trabajo de Szaz:
“Proporcionarse una sustancia controlada es un crimen; recibirla de un médico, es un tratamiento.”
“La prohibición de las drogas trata a los adultos competentes como niños indisciplinados.”
“Desde la Segunda Guerra Mundial el Estado ha incrementado su jurisdicción para definir qué es enfermedad y qué es terapia. Y, lo que es peor, los principios que orientan la política médica contemporánea no tienden a proteger al público de peligros externos (como el contagio) sino a proteger al individuo de sí mismo (especialmente de sucumbir a la tentación de usar drogas ilegales).”
Resumiendo, hemos medicalizado la vida, politizado la medicina y durante este proceso hemos perdido el sentido de la proporción -sin hacer mención de nuestro sentido del humor-. Parece olvidarse que no todo lo indeseable en la vida es la enfermedad y que no todo lo deseable es un tratamiento.

Publicado en “Cultura Cannabis”, (c) Alicia Castilla, 2002

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