En el Estado terapéutico el gobierno reclama el control sobre la salud del ciudadano mediante las leyes sobre prescripción de medicamentos con receta y la persecución de drogas ilegales, adictos e inductores. Por esto, intentar demostrar a los burócratas del gobierno norteamericano que la Cannabis tiene propiedades medicinales es como intentar demostrar a los clérigos judíos que el cerdo tiene valor nutritivo.
Las prohibiciones que las autoridades promulgan, justifican y velan por su aplicación se convierten en un símbolo ceremonial de su autoridad y no tienen nada que ver con las propiedades medicinales o nutritivas de las sustancias prohibidas. Cuanto más irracional es su prohibición, más efectivo es su poder simbólico y más atrae a los fieles. De hecho, la misma sustancia -por ejemplo la metadona- podría ser definida como patológica o terapéutica:
Si el individuo consigue metadona para su propia diversión o disfrute, entonces la metadona es un agente patológico, causa adicción; mientras que si la droga se la proporciona un médico para curar la adicción a la heroína, entonces la metadona es un agente terapéutico.
Un síntoma de la politización de la farmacopea es el abuso de nuestro propio lenguaje (inglés-americano). Por ejemplo, a una persona que maltrata a un niño lo llamamos child-abuser. Pero, a la que llamamos drug-abuser no es una persona que maltrata a la droga, sino alguien que la valora. El término drug-abuser es un síntoma lingüístico de la verdadera agenda de la guerra de la droga que persigue a los productores, vendedores y consumidores de las drogas satanizadas.
La FDA (Foor and Drugs Agency), los medios de comunicación, los médicos y la gente en general hablan de sustancias controladas para referirse a ciertas sustancias especialmente controladas mediante receta. Pero, en realidad, no hay sustancias controladas, sólo hay personas controladas.
A los adolescentes que practican sexo los llamamos sexualmente activos, pero a aquellos que toman sustancias químicas no les llamamos farmacológicamente activos, sino drug-abuser.
Por su parte, el etnobotánico estadounidense Jonathan Ott se refiere a la “Inquisición farmacrática”:
“Podríamos datar el principio de la Inquisición farmacrática en la Edad Moderna, en 1521, cuando Hernán Cortés, al mando de una patulea de forajidos conquistadores, establece su dominio sobre los aztecas, consumados virtuosos de las artes y ciencias enteogénicas.
El 19 de junio de 1620, en la ciudad de México, la Inquisición decretó formalmente que el uso de plantas de ‘ebriedad’ era herético, declarando de un modo no poco preciso que: ‘El uso de la planta o raíz llamada peyote es una actividad supersticiosa y reprobable por atacar la sinceridad de nuestra fe católica. Por consiguiente declaramos que nadie podrá usar dicha planta y ninguna otra de iguales o parecidos efectos, advirtiéndosele que en caso de obrar en contrario, en los delitos y faltas mencionados, podrá ser perseguido y procesado por rebelión y desobediencia contra la santidad de la fe católica’.”
Al comparar este texto atribuido a la Santa Inquisición con el decreto de Napoleón al invadir Egipto, obtenemos excelentes ejemplos de imperialismo cultural.

Publicado en “Cultura Cannabis”, (c) Alicia Castilla, 2002

Un Comentario

  1. no está mal, es bueno


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