Como el arqueólogo urbano que excava en los solares de antiguas casas intentando reconstruir, a partir de un fragmento de vajilla rota, la vida y costumbres domésticas de tal o cual capa de la sociedad hace cien o doscientos años; como el rastreador sarmientino que podía seguir las huellas de un animal, y distinguirlas entre mil, conocer si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o de vacío El rastreador en Sarmiento, Domingo F. Facundo. Buenos Aires, CEAL, 1967, p. 44. , así el crítico genético infiere de los manuscritos (tanto de los materiales prerredaccionales como redaccionales y de los documentos de endo y exogénesis) y de lo que en ellos se encuentra desde el trazo más omenos apretado hasta el tipo de papel o las marcas dejadas por un clip o las flechas o los guiones o las supresiones, etc. un acontecer y un devenir textual, que pretende desnaturalizar y descentrar el objeto texto (el que yace en el libro) y proponer un abordaje y una lectura más productivos.
Es por esto que la crítica genética, debido a su objeto de análisis esencialmente heterogéneo y cambiante al que es necesario asediar desde sus márgenes, sus contornos y sus epifenómenos, puede insertarse dentro de los saberes que operan en lo que Carlo Ginzburg En Mitos, emblemas e indicios. Barcelona, Gedisa, 1994. denominó paradigma de inferencias indiciales. A semejanza del detective o del médico o del psicoanalista, el crítico genético registra las huellas del proceso de escritura para formular hipótesis interpretativas que desemboquen en la comprensión de ese proceso. Pero, si el detective va tras los indicios para resolver un crimen, si el médico analiza los síntomas para diagnosticar y curar una enfermedad y si el psicoanalista procura superar el trauma psíquico de un paciente, es decir, que los tres métodos indiciales citados tienden a la restauración de un orden o una armonía perdidos, ¿qué persigue el crítico genético? ¿a dónde quiere llegar? Mejor aún: ¿quiere llegar a algún lado o tan sólo pretende construir dispositivos capaces de ajustarse a la movilidad intrínseca de su objeto? Si es esto último, ¿cómo saber que lo ha logrado?
Y aquí comienzan, como se ve, las preguntas: en la crítica genética ¿se trata, pues, de restaurar un orden? (lo que implicaría un desorden previo). La respuesta parecería ser que no, sobre todo teniendo en cuenta que es preciso escapar de la ilusión teleológica (los pretextos no son un desorden que el texto vendría a ordenar o fijar). Entonces, ¿se trata de proponer otro orden? (lo que implica que habría un orden erróneo o que es necesario corregir). La respuesta también parecería ser que no, si consideramos que un orden x no es mejor que un orden z Vs. el Prefacio a Las palabras y las cosas de Michel Foucault. . Entonces, de nuevo, ¿propone, más que restaurar un orden perdido o ficticio pero qué orden no es ficticio, una lectura que involucre una aprehensión y una comprensión del desorden aparente del proceso de creación? La respuesta, ahora, parecería ser que sí, pero nuevos interrogantes surgen: ¿cómo establecer, entonces, parámetros confiables para correlacionar las inferencias surgidas de los indicios? Es decir, una tachadura en un manuscrito del escritor X puede interpretarse como: una equivocación, una rectificación, un cambio meramente estilístico, un cambio intencional, una supresión, una adición que luego se juzgó excesiva, y posiblemente todo eso junto y más. ¿Quién podría, más que el escritor mismo, decir fue una equivocación o lo que fuera?
Sin embargo, para no caer en un lamentable círculo tautológico, es necesario hacer hincapié en que la crítica genética no es una ciencia infalible (como no lo es ninguna, se entiende, aunque algunas tengan un grado mayor de fiabilidad que otras) ni tampoco promete descubrirnos el sentido último de los textos tampoco es hermenéutica jurídica: de entre los detritus, de entre lo que el escritor desechó o cambió o se apropió, y cuyas huellas del desecho, del cambio o del apropiamiento permanecen en la visibilidad del o los manuscritos, pretende entregarnos pequeñas pero jugosas parcelas de sentido, como piezas de un rompecabezas infinito pero, lamentablemente, siempre incompleto.
Este anhelo de completitud, probablemente inherente a la condición humana, no debería desviarnos, no obstante, del hecho de que, como sostiene Clifford Geertz, el análisis cultural es intrínsecamente incompleto En La interpretación de las culturas. Barcelona, Gedisa, 1992, p. 39. , perotampoco de los interrogantes que siguen surgiendo a medida que se profundiza en la concepción indicial de los estudios de génesis: y no podemos dejar de preguntarnos, en este sentido, ¿cómo interpretar de manera efectiva indicios o huellas de los diversos y complejos procesos sociales, políticos y culturales que también se inscriben en los manuscritos? Es decir, ¿cómo detectar y desbaratar constructos ideológicos? ¿cómo eludir las trampas de lo que Raymond Williams llama tradición selectiva En Marxismo y literatura. Barcelona, Península, 1980. ? ¿Cómo sortear las dificultades que plantean las diferentes operaciones culturales, académicas, estatales y otras que también inciden sobre la persona y, necesariamente, sobre la propia escritura del escritor cuyo proceso creativo se esté vislumbrando? Con esto queremos decir: los indicios ¿son siempre suficientes? Más aún, ¿son siempre fiables? Más todavía, los indicios ¿siempre tienen la respuesta?
Y aquí aparece el otro interrogante que nos parece fundamental: el crítico genético ¿debe partir de una pregunta que los indicios de los manuscritos recopilados y engarzados en una matriz de significación construida por él ad hoc le responderán? o, más bien, ¿debe partir de los vestigios también recopilados e interpretados dentro de un dispositivo hipotético que se ajuste a la naturaleza móvil de los mismos del proceso creativo para formularse preguntas que sirvan o que permitan elaborar respuestas, más o menos conjeturales, más o menos últimas, acerca del hecho literario como cosa que sucede en sentido barthesiano, y a partir de las cuales surjan, a su vez y dialécticamente, otros interrogantes, en un intento de definir lo que tal vez o seguramentees indefinible de manera taxativa (i. e., la literatura y, en última instancia, los procesos intelectuales)?
Creemos, a modo de conclusión provisoria, que en el segundo interrogante planteado se encuentra, según lo entendemos, lo que más se acerca al objetivo de los estudios genéticos como tales. Si esto es así, entonces podría decirse que la fiabilidad de los resultados no dependería tanto de los indicios como tales, sino de la adecuada concatenación de las fases heurística y hermenéutica del trabajo genético: cuidadoso y controlado acopio, clasificación y descripción de los documentos, y luego creación de un dispositivo interpretativo que pueda dar cuenta del devenir a veces errático, a veces contradictorio, a veces zozobrante y siempre batallante e impulsivo de la creación y la escritura. En este contexto, entonces, es posible y hasta deseable que Sherlock Holmes, el paradigma universal de los detectives literarios, se equivoque de tanto en tanto, porque lo revelaría falible, es decir humano.

Enviado por Drenka Balich el 16/03/2007.

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