Estoy escribiendo una nueva obra, que formaría parte de una producción para un Concurso de Composición Internacional.
Tal obra no pudo ver la luz en su momento, de todas maneras NUNCA hay un por qué de la creación musical. Sí existan, tal vez, a mi modo de ver, justificaciones.
La primera y principal es la necesidad de expresión, la necesidad de sacar desde adentro ese fuego que quema, y ese mensaje que uno quiere expresar, tal vez gracias al hemisferio cerebral pertinente, en simbología rudimentaria susceptible de ser interpretada como música… y agraciando los oídos de los oyentes… en el mejor de los casos.
Y uno se cree compositor… que compone… y semántica o etimológicamente, ¿de qué hablamos cuando decimos “componer”?
Casi siempre creo, últimamente, que los destinados a “la maldición de la música”, como la llamo, ya que parece, de manera irónica, una maldición ineludible, somos simples y meros “instrumentos” de eso que debe decirse y expresarse.
Que quizás esté relacionado con algo más profundo… con un Algo más metafísico… con ese Algo del que tanto se habla y del que tan poco se conoce…
Para mí está íntimamente relacionado con Ello… que aún no sé cómo denominar…
Más sobre esto en breve, en próximos posts.
Compartiré con vosotros el texto introductorio de “mi” nueva obra, entonces.
Carlos Herrera


